Si nos paramos junto a una cascada o un río crecido, podemos observar la asombrosa fuerza del agua en movimiento.
Por esta razón, la industria hidroeléctrica ha construido desde hace mucho tiempo presas, diques y sistemas de pasada (centrales) para capturar y transformar esta energía en trabajo mecánico directo o electricidad.
Ahora, según los datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE o IEA, en inglés), la hidroelectricidad es la tercera fuente de energía generada más grande a nivel global, por detrás del carbón y del petróleo. A pesar de ello, la AIE prevé que pronto podría verse superada por energías renovables como la solar fotovoltaica (PV) y la eólica, como se aprecia en la Figura 1.

Uno de los motivos por los que la hidroelectricidad es cada vez una parte más pequeña de la combinación energética mundial se encuentra en la desaceleración de la inversión. De acuerdo a la AIE, Las sumas anuales al parque hidroeléctrico mundial alcanzaron su punto máximo en 2013, con la puesta en servicio de casi 45 GW de nueva capacidad.
De cara al futuro, se estima que se están añadiendo entre 17 y 33 GW de nueva capacidad cada año hasta 2027, aunque existe incertidumbre sobre el calendario de los proyectos en China, India y Turquía. Para 2027, se prevé que la capacidad total de generación hidroeléctrica aumente en 141 GW.
Sin embargo, la AIE calcula que habría que instalar anualmente 45 GW de generación hidroeléctrica adicional, si queremos mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5 °C y alcanzar cero emisiones netas para 2050. En consecuencia, surge una enorme oportunidad para aquellos dispuestos a aprovecharla.
Pero, por que está disminuyendo la inversión. La AIE afirma que esto se debe a la burocracia para obtener los permisos ambientales necesarios en proyectos hidroeléctricos y, una vez conseguidos, la construcción puede ser más larga y costosa que la de otras alternativas renovables.
Los sistemas hidroeléctricos también se enfrentan a complejos problemas de sostenibilidad, que cobran cada vez mayor importancia a medida que intentamos alcanzar el “cero neto” sin dañar el medio ambiente de otras maneras.











